Comienza la cuenta atrás para la resolución de la crisis soberana -al menos a corto plazo- en la zona Euro. El estadio de la misma exige respuestas que van más allá del calendario de eventos programado. Será el calado de la concreción de medidas el que nos permita afirmar (o no) que, esta vez sí, el avance supone un punto y seguido hacia la solución definitiva, aunque no sea la óptima.
Seguimos sin contemplar un escenario de recesión global, si bien los riesgos en clave de crecimiento se hallan sesgados a la baja.
Mientras el principal catalizador de la dinámica del mercado siga siendo un factor imponderable como la política, preferimos optar por un posicionamiento más prudente en las carteras.